4.3.10

Proyecto de Post*

Cap. 1

Teoría General del Derecho


   Definitivamente este día era para Danae, sonriente y triunfante recibía las notas con una sonrisa q más q expresar un merecido logro, era el de una niña q acababa de cometer una travesura: el aprobar sin haber leido.
   En algún otro lugar del salón, probablemente mirándola a través del reflejo de la ventana en el asiento más alto y alejado, Silvana la miraba con envidia al no poder tener, al igual q ella una Luna Propia.
  
La luna, por otro lado, miraba al gran globo azul imaginando la clase de insectos idiotas que pelearían por su pertenencia. El sol, por otro lado, se rió de la Luna al verla sonreír con orgullo por la luz q nunca le pertenecerá.

    Y así Danae terminó de imaginar la envidia entre astros y siguió fingiendo q lo escuchaba "sus libros bla bla bla, vargas llosa bla bla bla, bullard bla bla bla, el examen pasado bla bla bla, el trabajo bla bla" Él era como la extensión de mi personalidad, una característica mía en lugar de ser la persona que quería a mi lado.

    Lo peor estaba por venir a las 8 y 30 pm, hablar de la rama más básica de una carrera (D constitucional) no era algo q me entusiasmara demasiado, pero si un larguirucho, orejón y con una joroba producto de horas y horas de lectura, entrara a dictarme clase en reemplazo del profesor, posiblemente al tener él la vida más aburrida del mundo, y yo al enamorado más litio de todos, algo bueno saque de esto. (Ni siquiera yo lo creía)
    De saque me caía mal, sobre todo por la horrorosa chompita que traia, detestaba cada característica suya, su maletín viejo, sus zapatos fuera de lugar con el color de su pantalón, el peinado de galán antiguo y su nariz de gancho…pero habló.
     No me deslumbró en absoluto, pero sabía que era una persona que sabía lo que decía, que creía en lo que parloteaba y que tenía la capacidad para dejar a cualquiera en esa clase a 20 kilómetros bajo tierra en un campeonato de conocimiento. Que puedo hacer? No hay nada más excitante para mí que la mente de un hombre, y lo mejor de él era que se sabía inteligente, por eso trataba así a media clase, por eso les decía que se larguen si no quieren escucharlo, tenía de qué botarse, engreírse, cagarnos; por eso, a pesar de que medio salón lo vomitara yo ya escuchaba los de unos inexistentes pero futuros choques de copas de celebración en algún bar de Miraflores.

   No recuerdo nada de él. Salvo sus majaderías y una que otra chompita de otro color. Los últimos encuentros fueron de paso en un pasillo universitario, él a una clase y yo saliendo de otra, furtivas sonrisas y un saludo que a cada encuentro se volvía más cómplice que cordial como una vieja leña que aún desea arder…No! Esa es mi imaginación. Me gustaba, pero no tanto como para moverme…

Aún…

1 comentario:

  1. Me encanto, pero no me encontre alli...Abuuu! Creo que lo lei muy rapido....Abuu (2 veces)

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